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Mezquinos

Hay pocas cosas que son capaces de desmejorarlo todo:la mezquindad es una de esas cosas. La mezquindad.

La mezquindad es una paleta rara, un no color que ensucia y amarrona todos lo colores, aberra todos los prismas, opaca brillos y vuelve romos todos los perfiles. La mezquindad es como la flor del neneo, un capullo celeste lila que aparece en noviembre coronando un matorral espinoso en la estepa patagónica y del que hay que alejar a los animales, puesto que le da un gusto a la carne que la hace incomible. Así, como la flor del neneo, es la mezquindad.

Cualquier valor humano, cualquier virtud consagrada por toda nuestra historia se desmejora cuando es tocada por el pringue de la mezquindad.

La capacidad de amar, por ejemplo, se vuelve ruin y egoísta cuando el amante se vuelve mezquino. Cuando el amante està envenenado de mezquindad torna posesivo y destructor, inclusive de aquello que le ha generado el amor. Y el amado? El amado mezquino es egoísta y traicionero, desleal, aprovechado, ventajero y manipulador. Así es esa porquería de la mezquindad.

Con todo sentimiento humano, con todo rasgo de trascendencia, con cada gesto superador de nuestra mortal naturaleza: Si hablamos de la valentía, acaso, la valentía del mezquino es atropello y autoritarismo, abuso, desconsideración, arrebato.

La valentía digo, fijate que digo la valentía: esa cosa que nos hace falta tanto a los hombres para enfrentar las dificultades de la vida, los peligros y las amenazas. La mezquindad  convierte la valentía en el mismísimo temperamento de los dictadores.

La temperancia y la paciencia es en el mezquino frialdad, desamor, indiferencia, absoluta desconsideración.

La humildad se transforma en servilismo dentro del corazón del mezquino, el orgullo en soberbia, la hidalguía en petulancia y fanfarronería.

Y así todo, todo, todo. La mezquindad modifica y empeora los mejores rasgos del temperamento humano, transforma en insanía la embriaguez de la alegría, hace de la ingenuidad necedad y estulticia, y de la piedad lástima y desprecio.

La mezquindad hace del deseo obsesión, y de la mano que acaricia una garra que aprisiona, que tortura, que violenta y abusa.

Hay pocas cosas que son capaces de desmejorarlo todo: la mezquindad es una de esas cosas. La mezquindad.

Por eso le digo señora presidenta, por esta vía o por interpósita persona no mezquina que se lo haga llegar: discúlpeme, no se equivoque, a algunos, aunque los quiera inteligentes en vez de buenos, sólo los tendrá mezquinos…..mezquinos de toda mezquindad.

Tato Contissa, el Viernes, 19 de noviembre de 2010 a la(s) 19:45 ·

No es león el del circo

La palabra nos permite organizar el mundo, para comprenderlo, para estar en él, para actuar. Decir “lejos” o “cerca”; “áspero”; “arduo”; “gorila”; “default”; “corrupción” o “inseguridad”, son maneras de intervenir o contemplar ese mundo y de apropiarnos dinámicamente de su ocurrir. Puta! (en el uso exclamativo)…nada menos que vivir humanos.

Por eso la acción siempre se acompaña de la palabra, y la acción política de la política de la comunicación. En esto no se trata del hacer justo o injusto, sino de apropiado, inapropiado, acertado o erróneo.
La política económica del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner nos ha dado este miércoles otra buena noticia para todos los argentinos. Y la política de la comunicación del mismo gobierno no supo hacer que nos enteremos.
Mientras el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, oficia de columnista cruzado en las puertas de la Jerusalén de Magdalena Ruiz Guiñazú, el Ministro del Interior, Florencio Randazzo intenta redenciones entre la audiencia sesgada de González Oro en el canal de Hadad. Mucha liturgia para un sistema mediático que apunta a doblegarte la fe.

Hace años que me admiro de la valentía y la solvencia de AF para dar batalla en la hostilidad de ese sistema. Verlo ser derrotado sin que él lo advierta no disminuye mi admiración por su desempeño. Alguien le dijo las reglas de juego equivocadas, y él canta victorias morales en dónde, la mayoría de esas audiencias, le han bajado el dedo convirtiendo sus razones en insolencias y las paupérrimas argumentaciones de los conductores en audaces genialidades. Y lo peor: hablando siempre de la agenda periodística que imponen los medios concentrados. No sería mal hacer si no se tratase del único. Digo: bien está no temer los desafíos en los rodeos ajenos, sobre todo cuando sabe que la razón le asiste y cuando la flaccidez de las argumentaciones contra este gobierno es tan evidente. Pero en la política no solo hay que convencer a lo no convencido sino, y fundamentalmente, conducir a lo ya convencido. Bien haría el gobierno en pensar más en los quince puntos que perdió entre el 2007 y el 2009 y un poco menos en los cincuenta que no obtuvo, y difícilmente obtendrá, dadas las condiciones objetivas que tantos años de dictadura mediática han producido en la Argentina.
Y digo más: es imprescindible que los argentinos pongamos en debate la agenda de la oportunidad histórica que ha construido este gobierno. Éste. Éste gobierno. Mas integración regional y menos Sadous y sus denuncias de cotillón, más inclusión social y expansión del mercado interno, política salarial, derecho laboral enriquecido y menos criminalización de la pobreza e inseguridad amedrentante; más verdad, justicia y memoria, y cero impunidad amnésica y mendaz disfrazada de pacificación.
Es bueno que AF y el resto de los más dispuestos a la exposición mediática sepan que de estos temas no serán consultados en la grilla concentrada ni referidos por el periodismo hegemónico. Allí sólo estarán para el escarnio propio y la consagración del sistema dejando sedientos a los que buscan la mejor palabra que los relacione con el mundo en otros lugares del “dial”.
Quiero decir: es tiempo de leones, pero estos dejan de serlo en las condiciones de luces y látigos y públicos atragantados de pochoclo que imponen los circos.

Tato Contissa, el jueves, 24 de junio de 2010 a la(s) 15:42 ·

No hace falta ser detective

Son varios los resultados que arroja por estos días lo que se llama sin ton y se repite sin son: “investigación periodística”. Lo primero es la confusión de ésta con el Periodismo de Investigación. Lo segundo una proliferación de libros que, por el mote, intentan disimular a malos escritores y peores periodistas. Lo tercero pertenece al mundo autocentrado de la televisión y se relaciona con las cámaras ocultas, esas prótesis mayormente escandalosas que solo ocultan al Periodismo de Investigación.
Algunas de las rectificaciones que intentaré aquí se replican una y otra vez en las aulas de las escuelas y de las universidades en dónde se enseña periodismo, por lo visto con escaso éxito, tal vez por que el periodismo hegemónico y su propia escuela (reinante en el interior de los medios) se nos aparece como impenetrable a toda forma de conocimiento.

Juan Jorge Faundes, periodista y escritor chileno, nos ayuda con una introducción definitoria de la investigación en el periodismo y del periodismo de investigación.

“Entiendo el Periodismo de Investigación como la búsqueda y difusión de información acerca de sucesos con valor periodístico (es decir: con grados considerables de improbabilidad de ocurrencia del hecho, y de probabilidades altas de impacto histórico y psicológico del mismo), eventos e información que otros (individuos, grupos, empresas, instituciones, organizaciones gubernamentales o no gubernamentales, clases sociales o el sistema mismo en su conjunto) mantienen ocultos y quieren impedir que sean conocidos y difundidos en un ámbito social mayor que aquel circuito de los que están enterados.

Es decir, la materia del Periodismo de Investigación, su objeto, es la información oculta, reservada, secreta, y sus fuentes, aquellas que están cerradas. Estas últimas características (información oculta y fuentes cerradas) diferencian al Periodismo de Investigación de cualquier otro tipo de formas periodísticas, aunque sean de denuncia, pero que trabajen con información socialmente disponible a través de fuentes abiertas”.

Hace algunos años, Jorge Lanata, siempre reactivo a todo aquello que no lo tenga incluido y considerado, desbarró con la confusión, asediado quizá por los fantasmas de la envidia que le generaba el primer Telenoche investiga: “ No sé porque tanta referencia al periodismo de investigación si todo periodismo tiene la obligación de investigar”. Como si Faundes hubiese previsto el cacareo agrega: “Esto no implica que el trabajo con información socialmente disponible a través de fuentes abiertas no sea investigativo: todo reportero, toda construcción de información por medio de la interrelación de datos, variables y actores es una práctica de investigación.”

Quedamos entonces así: Palmario es que toda tarea periodística requiere de investigación. Tanto como decir que, si bien todo periodismo es investigación periodística, no toda investigación periodística es periodismo de investigación.

En esto también tienen que ver los tiempos, pero esencialmente la modalidad de trabajo.

Cuando el primer Telenoche Investiga, sobre mediados de la década del noventa, las investigaciones se hacían públicas una vez terminadas y sin periodicidad establecida. A nadie se le ocurriría entonces (como no debería habérseles ocurrido después) que un programa de investigación podría tener una publicación semanal. Imposible sin atentar contra la calidad y, en consecuencia, con el propio género de la investigación periodística.

Dada la característica de la tarea era absolutamente impredecible el momento en que podía estar concluida. El grupo de trabajo, reducido, económico y casi anónimo, desarrollaba simultáneamente varias líneas de investigación. En ese derrotero, sólo en los tramos finales sabían “de qué iba la cosa” puesto que la reunión de datos y sus relaciones, las certificaciones y los chequeos iban configurando un entramado que, en un momento, impreciso y único momento, terminaba encajando y dándole a los periodistas el perfil final del tema investigado.

Igual que la publicidad que ha corrido la importancia desde el producto publicitado a la calidad del anuncio que lo publicita, la televisión primero y todo el sistema mediático después, ha puesto las prioridades del formato medial (televisivo, radial, gráfico) sobre las prioridades que hacen a la calidad de la información que difunden.

Insólitamente, contradiciendo la frase popular, este carro viene desde hace más de una década, arrastrando al caballo.

Pero hay algo que ocultan las cámaras ocultas. Paradójicamente ocultan al Periodismo de Investigación.

Hubo desde el principio una tendencia a reducir el Periodismo de Investigación al ámbito de los asuntos deliberadamente ocultos, a aquellos temas barridos bajos las alfombras del poder ( político y/o económico) o retirados a sus escondrijos más inaccesibles.

Tres factores externos al periodismo contribuyeron a ese reduccionismo: La propia inmundicia de la degradación política, la amoralidad del capitalismo tardío y el clima social atado a la teoría conspirativa.

Todos estos factores componen el aire de las redacciones no precisamente con la proporción de los gases raros. El primero, porque implica una usina interminable de hechos que brillan con la misma intensidad de los escandalotes del mundo de la farándula, principal competidor en el preciado interés de las audiencias. El segundo, debido a una de las dos trágicas confusiones del periodismo hegemónico contemporáneo y que está llevando a la profesión por el camino de la desaparición: la confusión de Opinión Pública con “audiencia”.

¿Debo decirlo? Los periodistas trabajamos para la Opinión Pública.

La Opinión Pública es un lugar sin lugar en donde los periodistas colocamos el resultado de nuestro trabajo honesta y profesionalmente realizado, para que quien quiera haga con él otro trabajo que ya excede( y debe exceder) las pretensiones del periodismo. Ese arcón del que se sirve el ciudadano para formar sus conductas y contribuir al fortalecimiento de la democracia nada tiene que ver con las “audiencias”.

El periodismo hegemónico trabaja para las audiencias, se ata a ellas, a su capricho y a su número, signando inexorablemente la desaparición del ámbito natural para el desarrollo del periodismo que es la libertad. Una relación de dependencia y de adicción mutua que, simultáneamente, estupidiza al ciudadano y muta la función y el carácter del periodismo hasta convertirlo en lo que no puede ser.
Es por ello que las prácticas pergolinescas, extremadamente distantes de cualquier periodismo posible, se integran hoy a la idea social del periodismo sin ninguna reacción por parte del sistema.
El periodismo crítico tiene, frente a una sociedad en crisis con un periodismo en crisis, la obligación y la necesidad de hacer la exhortación a la recuperación de la mística y la utopía del periodismo.

Frente a esta puja, la aparición del Periodismo de Investigación ha sido una oleada vivificante para las ilusiones de esa recuperación.

En primer lugar el periodismo de investigación trabaja sobre temas nuevos, asuntos de los que nadie se ocupa, por ocultos o por despreciados, por interesadamente ignorados. También de la inmundicia del poder convencional, pero no sólo de ella, tanto que bien podría si quisiese, ocuparse de la inmundicia del poder mediático, cosa que no hace sino ocasionalmente.

En segundo lugar es un género histórico. Aún cuando el periodismo hegemónico pretende presentarlo como novedad. Hay un centenar de años de antecedentes que emparientan al periodismo de investigación con la matriz original del periodismo. Este rasgo le otorga capacidades suficientes en la tarea de la recuperación de la mística y la utopía del periodismo, que ponemos aquí como reclamo y como condición imprescindible para la salvación de la profesión.

En tercer lugar, el periodismo de Investigación puede, si quiere, prescindir del sistema mediático, y por lo tanto de los dictados del periodismo hegemónico. Esto no quiere decir que deba prescindir de ese sistema, sino que puede hacerlo si le fuese necesario. Los libros, tanto como la infinidad de publicaciones específicas en todos los formatos mediáticos dan prueba de ello. La aparición de la red y las herramientas forjadas por esa comunidad afianzan hoy, aún más, esa capacidad de prescindencia y esa independencia productiva.

El periodismo hegemónico se mueve como toda cultura hegemónica del sistema. Tardó muy poco en darse cuenta de la peligrosidad que un periodismo que se realiza independientemente de la agenda y que puede realizarse independientemente del sistema mediático acarreaba para ese sistema y en consecuencia, para sí mismo.

De manera que hizo lo que toda cultura hegemónica del sistema hace en estos casos: convertir al enemigo en algo propio. El sistema reproduce sus antagonismos, se los traga, los convierte en parte de sí mismo.

Así que, deliberadamente, redujo su Periodismo de Investigación a una versión Reality dirigida a explorar las cloacas de la política y a satisfacer y hacer regodear a las audiencias con la comprobación de algo que durante años no fue noticia: La muerte de la política. Y para combatir en todos los terrenos riega ahora los anaqueles de libros “periodísticos” que no son el resultado de investigación alguna sino mera reunión de chismes, y que vienen sólo a reemplazar en el espacio de esos estantes al auténtico periodismo de investigación.

La concentración mediática y la degeneración profesional son las dos manos que atenazan y asfixian la garganta del periodismo imprescindible.


(Algunos de estos conceptos integran “Salven a Clark Kent” Exhortaciones ante la muerte del periodismo. Del autor. Corregidor. Buenos Aires. 2005.)

Tato Contissa, el Viernes, 19 de marzo de 2010 a la(s) 15:07 ·

No hubo ningún pasaje de cortesía

Elian Rodrigo Giovannoni 23 de octubre a las 14:41
Se agradece su difusión

En vista de las notas publicadas en los matutinos La Nación y Crítica de la Argentina en el día de la fecha, en lo referente al vuelo AR 1204/5 con destino a Montevideo del día 14/10/09, Aerolíneas Argentinas y Austral Líneas Aéreas informa:

El vuelo a Montevideo (AR1204/5) fue programado el domingo 11 de octubre, tres días antes del partido de la Selección Nacional de Fútbol. El vuelo fue programado por decisión de la Gerencia Comercial de la compañía, teniendo bajo consideración que el vuelo AR1202/3 que salía a las 7 de la mañana estaba sobrevendido y no ofrecía lugares. El día 12 de octubre, el vuelo programado mencionado con anterioridad ya contaba con 66 reservas.

Cabe agregar que, aunque esta decisión ha sido presentada por las notas periodísticas de referencia como anormal o sospechosa, es de uso corriente en el negocio aerocomercial. Programar vuelos adicionales para situaciones que implican aumentos extraordinarios de la demanda de pasajes es practicamente un imperativo de sentido común y una buena noticia en términos comerciales. Tal es así que, a modo de ejemplo, la empresa PLUNA programó 2 vuelos especiales para la mañana del 14 de octubre, el mismo día del partido, probablemente por haber detectado el aumento mencionado en la demanda. También agregaron servicios adicionales las empresas Buquebús y SOL. En este sentido, la operación a Montevideo el día 14 del corriente arrojó un saldo económico positivo, en función de la amplia demanda de pasajes para ese día, que superó ampliamente a la demanda usual del destino que tiene, en días corrientes, 60% de ocupación por cada vuelo diario. El vuelo de menor ocupación tuvo un saldo positivo de U$D 6.035.

En razón de que Aerolíneas Argentinas es Sponsor Oficial de la Selección Nacional, el Gerente General de la empresa, Dr. Mariano Recalde, asistió al partido por invitación de la AFA y viajó en el último vuelo programado para el evento. Cabe destacar que pagó de su bolsillo, tal como lo hicieran todas las personas mencionadas en los artículos de referencia.

Las notas consignan varios datos falsos, a saber:

1. Es falso que la aeronave programada fue un charter. El vuelo se programó regularmente, con el número 1204/5, en función del aumento de la demanda, tres días antes de su salida.

2. Es falso que el vuelo fue programado para uso exclusivo del Gerente General y 41 «militantes K»: El vuelo estaba programado 3 días antes y el Gerente General de la empresa pagó el pasaje que usó. El 80% de los pasajeros compraron sus pasajes por venta telefónica, siendo varios de ellos parientes de jugadores del seleccionado. El diario Crítica consigna que «41 pasajeros tuvieron el privilegio de viajar», afirmación absolutamente falsa ya que el vuelo fue ofrecido por los canales de venta regulares de la compañía: cualquier ciudadano podría haber accedido al vuelo.

3. Es falso que el vuelo dio pérdidas porque se despachó con 41 pasajeros: los costos del vuelo se cubren con 23 pasajeros, y 41 pasajeros compraron sus pasajes. La operación a Montevideo el día 14 fue una de las más exitosas a ese destino. Los resultados económicos de la operación fueron positívos.

4. Es falso que viajaron Pablo Moyano y Omar Viviani. Al menos no lo hicieron en vuelos de Aerolíneas Argentinas.

Cabe resaltar que los periodistas autores de los artículos en cuestión consultaron a la empresa, sobre la veracidad de la información que hoy se ofrece desde esos periódicos matutinos. Los voceros de la empresa pusieron a su disposición toda la información que aquí se consigna, de la que se hizo caso omiso en su totalidad. Inclusive se ofreció, para demostrar la falsedad de las imputaciones, las boletas por los pasajes pagados, en algunos casos en efectivo y en otros con tarjeta de crédito. De haberse considerado seriamente todos los datos aquí ofrecidos, la cuestión hubiese quedado zanjada. Es cuanto menos sospechoso que se publiquen estas falsas informaciones justo en el día en que el Secretario de Transporte de la Nación y el Gerente General de la empresa presentan el Plan de Negocios ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Privatizaciones. Hacemos notar que el diario Crítica de la Argentina está dirigido por Antonio Mata, quien fuera Gerente General de Aerolíneas Argentinas durante la administración Marsans. Mata es duramente cuestionado por el estado calamitoso en que dejó nuestra aerolínea de bandera.

Tato Contissa, el Viernes, 23 de octubre de 2009 a la(s) 17:11 ·

Palabra que milita

Los paradigmas históricos marcan todo: incluidas las profesiones. Los científicos decimonónicos, imbuidos de la centralidad de la ciencia y el pensamiento positivo cobraron un rango superior en las mediaciones culturales hasta el fatídico cachetazo de la Gran Guerra del catorce. Allí Europa dio pruebas que la tecnología y la ciencia no  necesariamente te aleja del salvajismo. Diez siglos antes, la Iglesia Católica Institucionalizada, asentaba el predominio sobre la casi totalidad de las relaciones humanas, desde la constitución de la familia hasta el orden político y militar, pasando por el acuñe de monedas y el dominio financiero de la economía feudal.

Siempre es así, el temperamento de cada tiempo tiñe a cada hombre y mujer de ese tiempo y a todos los entramados que los vinculan entre sí y con el mundo de los objetos. Así tanto en los grandes lineamientos de la historia como en los colores predominantes de las tendencias variables en cada época.

A nadie le extrañe entonces que, retornada la política y la militancia, esa paleta tiña aquí y allá en esta Argentina de nuestros días. Y entre los aquí y los allá los haceres humanos también se coloran.

Los médicos vuelven a discutir el sanitarismo y la cuestión pública de la salud, los arquitectos e ingenieros (a excepción de Macri) discuten sobre la calidad y naturaleza de los asentamientos y el urbanismo como política pública, los actores sienten la necesidad de establecer otro compromiso con la sociedad en la que, con menor o mayor conocimiento, tino y nobleza, en general, la política vuelve a sus cuencos de la realidad cotidiana para que todos la bebamos.

Cuánto más el periodismo, que viene ocupando el centro del sistema de la cultura contemporánea por el imperio de la supermediación de los medios de comunicación, habrá de tintarse de política y militancia. No puede ser que la profesión encargada del relato del presente se exima de hacerse a sí misma de ese presente, decir presente y hacerse presente, para parafrasear a Jacques Derrida.

Es tan obvio, que uno debe preguntarse qué pasa que hay tanto alboroto y tanta voluntad condenatoria en algunos sectores de la sociedad argentina para lo que llaman periodismo militante.

Intentaré un bosquejo de respuesta.

La Argentina del antiproyecto inaugurada en marzo de 1976 y consolidada entre 1983 y 2001, supo desde el principio que había que congelar el relato. Las dos instrumentaciones para este cometido son noticia vergonzante en estos días: la ley de radiodifusión de la dictadura y la enajenación de la empresa papel prensa.

El periodismo debía sufrir la misma operación de asepsia esencial ya operada sobre la Economía. Como se sabe, cada vez que se habla de Economía se la comprende como una ciencia sin tendencias, sin escuelas, sin variaciones. La Economía es la del designio neoliberal, monetarista, dependiente, ortodoxa. El periodismo es apolítico, apartidario, aideológico, es decir: independiente. Esta condición gozó prontamente de buenos vientos, porque los periodistas comenzaron a adquirir prestigios excesivos, consideraciones sociales abusivas y dinero, mucho dinero. Tanto dinero que hoy es difícil no pensar a los periodistas de la TV como otra cosa que como empresas. Claro que esa realidad no fue la realidad de todos, pero fue la tentación de la mayoría y en consecuencia su factor de disciplinamiento.

Para que esto se sostuviera en el tiempo debía manejarse la independencia periodística como un dogma irrefutable y debería privarse a los periodistas de hacer noticias u opiniones sobre el desempeño de la profesión. Así, hacer periodismo de periodistas, era pecado mortal en el catecismo del periodismo hegemónico.

Las dos manillas de la pinza sostuvieron por tres décadas un arquetipo periodístico basado en el éxito profesional y la docilidad frente a las grandes corporaciones.

Sobre mediados de los ochenta al sistema mediático hegemonizado por este paradigma comenzó a aparecerle un suburbio. La disponibilidad tecnológica y la resistencia política a la Ley de radiodifusión de la dictadura permitieron la proliferación de un gran número de nuevos medios. Aún no se ha escrito respecto de la gran influencia modelar que sobre todo el sistema operó esta aparición multitudinaria de medios. Los estilos, las formas, los acentos y las estéticas cobraron nueva vida en la radiofonía argentina al imperio de de este estado de insurgencia comunicacional.

A partir de allí, salvo por las acciones policiales realizadas desde el COMFER con la conducción de los grandes medios y por la acción concentradora de las corporaciones, nada podía ser igual. Tanto así que, con el primer gobierno serio de corte nacional y popular se reemplazó la ley de la dictadura.

En este marco, y con la política revivida, se planta la discusión respecto del llamado “periodismo militante”. Muchos nobles colegas se las han visto en figurillas para dar una explicación a sus propios cambios de conducta. Pero más allá de las contorsiones y acrobacias, la presencia de un periodismo consustanciado con la realidad en la que se despliega es ineluctable.

Nadie es odontólogo antes que persona, ni talabartero ni taxista ni periodista. La amputación de ciudadanía al periodismo es la operación más siniestra que la democracia liberal burguesa ha pretendido contra la profesión para convertirla en una cofradía de traficantes de influencias o en un hato de eunucos intelectuales.

Parece que se ha terminado el fraude. La palabra milita y vuelve a ser un logos activo en el relato del presente.

Tato Contissa, el Domingo, 23 de enero de 2011 a la(s) 11:40 ·

Periodismo militante

Hace veinte años me definí como militante de la comunicación. La frase y otras ideas contaminadas de ese concepto aparecen en este minuto. Creo que vale el intento de decir alguna cosa a este respecto hoy que se habla de periodismo militante.

Oí en TVR que a Santaolalla le incomoda la paronimia de militar-militante. Es músico. Se le entiende y se le perdona, puesto que hay para entender y para perdonar en semejante liviandad. Preocupa más la incomodidad de periodistas. Santaolalla no me exige la idea de que comprenda que “big picture” es un remedo pobre, pobrísimo de “cosmovisión” , concepto latino de 2300 años, y que ese concepto es una construcción colectiva. La militancia es una acción ordenada y colectiva, para la guerra y para la paz, para la siembra y para la cosecha, para la fiesta y para el nefasto. Y en ese ser colectivo está su virtud y su trascendencia.

Cambiemos la melodía y hablemos del periodismo militante.

Dejemos de lado a aquellos periodistas militantes del periodismo profesionalizado en el sistema mediático hegemónico de la Argentina, majules, lanatas o zlototenembaumontenegros. Dejémoslos del lado en el que se dejaron.

Hablemos de los que dicen jugar de este lado.

Hay periodistas que todavía creen que son la opinión pública, que en un apreciado esfuerzo moral, ético, técnico y profesional, pueden poner su tarea de relato en un lugar incontaminado. Creen, en una mítica soberbia, que ocupan el lugar de la opinión pública. Y la verdad que nosotros, los periodistas, todos militantes, unos de un lado o del otro y estos, que lo ignoran, hacemos un relato que volcamos a la opinión pública, que no somos nosotros, que es un lugar sin lugar en el que depositamos a diario el resultado de nuestro trabajo para que nos trascienda, para que deje de ser sólo nuestro, para que ponga sus materiales al objeto de la construcción de más y mejor ciudadanía. Claro que este cometido es un cometido poco redituable social y pecuniariamente. Pero ese es el cometido básico. Lo demás son plus o restas, asuntos de la contabilidad y nunca de la comunicación. Esto dista de la objetividad ensoñada y dista del ascetismo y la pretendida independencia. El que se pretenda periodista “ a secas” se prepara periodista a tanto y al mejor postor. Demasiadas desilusiones  se dan estas horas para muchos en donde para nosotros no había motivo para ilusión alguna.

Todo ciudadano quiere saber quién le habla. Eso es un derecho parte del derecho a la información. Todos tenemos derecho a ser informados, a saber cómo se nos informa y tomar nota de quien lo hace. El periodismo es militante o mercenario, y a veces las dos cosas. Las peores de las veces.

Tato Contissa, el Domingo, 28 de noviembre de 2010 a la(s) 0:11 ·

Peronismo marinero

No sé quién puso el metro en la bañera pero lo que estamos tratando de medir es agua. Quiero decir con esto querido Artemio que la categoría “instancia superadora” es una categoría incapaz de mensurar procesos políticos en America Latina en general como en la particular Argentina de estos días.

Y en ese sentido, tempranamente, debo descalificar a los dicentes de la cuestión “ El kirchnerismo es una instancia de superación del peronismo”. Creo que se trata de las ilusiones de viaje que sufren aquellos que por primera vez suben a bordo de un transatlántico. Son experiencias de tierra que obnubilan cuando se encara la extensión extasiada del mar. Pero qué te voy a contar a vos Artemio!. Dejá que te acompañe y se lo cuente a otra gente.

Es que hay otra, gente honesta viviendo la experiencia de entrar al peronismo por la puerta del kirchnerismo, que no advierte que el kirchnerismo no es el barco, sino la puerta. Esta puerta. La puerta que se presenta en este momento de la historia.

El kirchnerismo está en el barco porque los Kirchner son peronistas, un detalle que no debería olvidarse con tanta necesidad  disfrazada de elegante liviandad, para caerle a toda la gente con noticias que no anotician, sino que confunden.

El peronismo no puede ser superado, no porque sea mejor o insuperable, sino porque no está en la dimensión de lo que transcurre en el espacio o el tiempo de la superación. El peronismo es un gancho de izquierda al hìgado, o la carrera de los últimos quince metros antes de entrar al área, antes del zapallazo que termina en gol o en la calle.

Por eso es el gol de Maradona, el Sermón de la Montaña, las recetas de Mahoma o la ópera italiana…es decir esa originalidad que nace del requerimiento histórico destinado a cumplirse como una promesa a la vez inexorable y heroica. En ese sentido, Perón es una consecuencia del peronismo, aunque en la secuencia temporal haya sido el actor de la causa.

Como verás Artemio, no estoy apurado ni urgido y trato de reflexionar sin las premuras de la trinchera. Ya estamos lo suficientemente grandes como para saber que los amores de los ochenta son flirteos vanos si los comparamos con las pasiones setentistas. Y peor: huelen a cala si los comparamos con el ardor de preguntas de los pibes del siglo XXI.

De manera que yo advertiría, antes de seguir hablando, que más explicaciones debería darle al pensamiento argentino el antiperonismo venido a marinero, que el viejo navegante que se pretende dar por superado.

(Artemio es mi admirado Artemio López )

 

Tato Contissa, el miércoles, 29 de septiembre de 2010 a la(s) 0:25 ·

 

No somos Roma ni pagamos traidores

Ganar y ganar muy bien es una tarea, una necesidad, un imperativo histórico. Pero ganar no puede ser una razón para cometer errores y faltarnos el respeto. El 29 de junio de 2009 hubo gente, de alta investidura en el gobierno, que cruzó el Rubicón armado y a favor del enemigo. Tranzó con Clarín, dijo que la Ley de Medios se llevaba puesto al gobierno, antes había entorpecido todo el trámite de la 125, y después se paseó por los canales de la derecha a graznar en contra del Gobierno Nacional avalando la teoría de la crispación y desmereciendo la acción transformadora de la realidad argentina llevada adelante por CFK.

En estas horas, estas ratas están vadeando el río a favor de las proyecciones que las encuestadoras le dan a la presidente y al proyecto.

Yo no me voy a hacer el pelotudo fingiendo  que no los veo.

Y atiendasé a las razones: Es por lealtad…la bronca es por lealtad.

Tato Contissa, el Lunes, 7 de febrero de 2011 a la(s) 21:13 ·

Odadeufas

Un asomo y un contiguo enfilan hacia el bar de las insinuaciones

Beben sobrios y muerden la seca galleta de sus eufemismos

La vida se aburre de brillar combada en el verde lomo de las aceitunas

Un bretel tensa la tarde pero ya es tarde para tarde

y la soledad ofrece su colmillo

Sólo queda la promesa de mañana y esa certeza de que no será cumplida.

No hay caso para el amor sin caso

que te anquilosa las ausencias

y te pincha el globo del domingo.

Tato Contissa, el sábado, 6 de noviembre de 2010 a la(s) 19:35 ·

Proyecto, temperamento y Conducción

He leído con detenimiento el artículo de Jorge Rulli del pasado 5 de julio y que fuera “publicado” en su programa de los domingos en Radio Nacional.
No intento refutaciones, correcciones ni aprobaciones innecesarias, un tanto por respeto y afecto al autor, otro tanto (y esto quizá se entienda mejor al final de esta exposición) por metodología.
Sucede que me resulta más valedero lo que provocan sus dichos que el propio contenido de los mismos.

Forzar la historia es ilusorio, pretencioso y estéril. Lo más que se puede en esos arrojos es ridiculizarse al límite de la historieta (¿comics?) o acanallar historias emblemáticas de la historia verdadera.
Los grandes hombres que salen de los grandes pueblos nunca han cometido este error equivocado, padre y madre de todos los errores; el de querer torcer, desviar, detener o violentar el curso de la historia. Esos hombres, desprendidos de todo lo fatuo en cualquiera de sus formas, han conducido ese curso por capacidad de temperamento.
El tiempo en el que se desarrolla la vida humana tiene su topografía: ellos, los hombres y mujeres de los que hablo, saben verla. La secuencia de hechos tiene actores, velocidades, giros, ellos saben preverlos. Esos tipos no se confunden de rol, perciben que su acontecer es circunstancial a una realización superior que depende de ellos en una medida insoslayable, y comprenden que ese es su sólo mérito y su carga irrenunciable.
Para afrontar una sucesión de eventos de tal envergadura histórica hace falta un temperamento especial, una inteligencia acorde y una idea épica del sacrificio.

La noción arquetípica de líder es del siglo XX, pero la última década del mismo degeneró la palabra en su aplicación a vendedores de detergentes, pastorzuelos de iglesias metastásicas, gerentes y presidentes del tercer mundo en tránsito imaginario al primero, con lo que se ha desmerecido de forma terminal. Se prefiere por esas razones la idea de “conductor”, elegida (ahora pienso) no de manera casual por el propio Perón. Conducir es un verbo que reconoce la existencia de algo conducible, por lo tanto organizado, con un fin que no determina el que conduce sino que, por el contrario, determina las condiciones indispensables de quien habrá de ser su conductor.
Si analizamos los últimos treinta y seis años políticos de la Argentina no vemos de esos navegantes.
Tal vez la desvaída identidad de los fenómenos posmodernos tenga que ver con esas ausencias, haciendo que lo que emerja políticamente sean especies acordes a la insustancialidad de estos tiempos. Quizá entonces debamos conformarnos con disminuidas versiones de conducción siendo que el getho de la política prohíja solo formatos raídos y mediocres. Baste pensarse en algunas de las figuras que tocaron la cúspide de la dirección republicana en la Argentina finisecular.

Sin embargo, pese al deshilache, creo que este no es cualquier momento de nuestro ser histórico, que no estamos transcurriendo una meseta de intrascendencias sino que, por el contrario, este es un tiempo de cambios esenciales.

Entre 1976 y 2001 a la conciencia colectiva de los argentinos le pasaron una triple amoladora: el terrorismo de Estado, el terrorismo mediático y el terrorismo económico. El resultado era previsible, la mayoría terminó insensibilizada políticamente por temor, asco, desprecio o defraudación, especialmente los sectores medios, que son ontológicamente volubles, variables y acomodaticios. Pero la tarea les llevó 25 años.
El 2001 fue un regurgito histórico del que sobrevinieron siete años en los que la triple amoladora se detuvo, o al menos aminoró su acción. Ese corto lapso regeneró una red en donde la militancia social y política, en defensa propia, resurgió del desierto ceniciento de la tercera década infame.
En sólo cuatro años, “patria”, “compañero”, “liberación”, volvieron al léxico de la calle retoñando en las voces de los más jóvenes, mezclándose con las emociones de las segundas oportunidades que avizorábamos los que pasamos los 50 y dándole a la política un color remozado.
Si de este magma no salen conducciones con los temperamentos requeridos todo habrá sido una ilusión, el desierto posmoderno nos habrá creado un espejismo. Yo no lo creo. Hay que esperar la madurez del tiempo. ¿Cómo? Con actitud atenta y militante, cuidando y mejorando el clima institucional. No dejando que la política vuelva a recluirse en los arquetipos de los gerentitos. Tejiendo redes políticas que contengan la impiadosa realidad social de los siempre postergados.
Profundizar la organización hará emerger conducciones para realizar el proyecto. La fe es tan grande que no tengo lugar para la duda.
Podemos enojarnos, dolernos, desanimarnos, putearnos. No podemos abandonar.

Tato Contissa, el jueves, 16 de julio de 2009 a la(s) 15:23 ·