Archivo de Junio de 2007

Pecado de Prensa

Lunes, 18 de Junio de 2007

 

 

El más mortal de todos los pecados es el de intentar democratizar la palabra pública.

La ira de los dioses se abate entonces sobre el intruso que profana los olimpos del decir del tiempo, prioridad y privilegio de los constructores de realidades y sus vicarías distribuidas por las capitales de occidente: el sistema mediático hegemónico.

 

Hoy como nunca, el espacio político está confinado a ser un suburbio del espacio mediático, y esa subordinación hace de los medios un sitio inexpugnable de la propiedad privada. La red de monopolios y oligopolios se afianza cada vez más. Esa es la tendencia, la de la concentración de la propiedad mediante el sistema corporativo que diluye la personería de los responsables de los medios y amenaza desde las oscuridades de los fondos del retablo con la mano poderosa de los grandes titiriteros.

Chávez acaba de cerrar un canal. En realidad lo cierra en el título, y en el copete de cada información no le renueva  la licencia. Está claro que los grandes medios no pueden hacer que una cosa pase, pero pueden ponerle el título para que de alguna manera ( la manera de los medios) ocurra en sus escenarios.

 

Hace un par de años publiqué un librito* en donde puse en casos y conceptos unas cuarenta modalidades habituales de manipulación informativa. Podría esperarse que los muchachos hubiesen prodigado un poco de esmero como para sofisticar en algo esas operaciones. Pero no. Cada vez son más obvios, más groseros, más descuidados. Es que cada vez se sienten más impunes porque la concentración fortalece esa sensación. Es que, lo queramos o no, lo advirtamos o no, van camino al poder omnímodo.

Ya lograron desvirtuar  su propia naturaleza. Como todo el mundo debiera saber TODOS LOS MEDIOS SON PUBLICOS. La naturaleza, la esencialidad, la razón de ser de los medios es su carácter público. Luego los medios podrán ser gerenciados por privados, cooperativas, instituciones, organizaciones intermedias o el propio Estado, no hace al fondo de la cuestión.

Ese carácter público, esa naturaleza y esa razón de ser, son el reaseguro del derecho a la información y marca la responsabilidad que los gerenciadores de los medios tienen para con esa garantía. La propia libertad de prensa y de expresión son derechos a custodiar en función (y sólo en función) de la protección del derecho que tiene el ciudadano a ser informado y a saber cómo se le informa. Hay en la historia demasiados ejemplos en los que la libertad de prensa no garantizó el derecho ciudadano a la información, y no hay un solo caso a la inversa.

Una digresión. Apena, en este sentido, que Canal 7 diga de sí ser “La televisión pública� sin entender que más que endilgarse una condición que no puede eludir, consolida la voluntad de los medios en manos privadas de arrogarse el derecho de hacer con sus señales lo que se les dé la real y oligopólica gana. Cierro la digresión diciendo que apena, pero no sorprende.

 

La democratización de la palabra pública no logra plantarse como desafío, como objetivo, como propósito ni como parte esencial de un proyecto político nacional en ninguno de nuestros países. No está siendo visto por los que deberían verlo y está siendo ocultado por quienes medran con su desconocimiento, y confundido deliberadamente por los grupos económicos que los concentran bajo sus férulas.

El futuro amenaza con apremios contra los medios no hegemónicos y alternativos en desamparo legal y con la creciente inoperancia o complacencia de los Estados en sus responsabilidades de garantía y regulación.

Sin ley o con ley tramposa; así se vive mientras la prensa canalla pide “libertad� ante cualquier asomo de garantía para el  derecho a la información.

 

* Salven a Clark Kent. Exhortaciones ante la muerte del periodismo. Buenos Aires. Ed. Corregidor.

 

 

 

Mac Mitre

Miércoles, 13 de Junio de 2007

 

 

 

No hay cuestiones del pasado. Sabe, quien quiera saber, que lo que trae la revisión de los tiempos son preguntas sobre el presente que acucian por respuestas para el futuro.

La Argentina merece tanto como necesita de esas miradas. Tiene dos características que hacen imprescindible cumplir con esta demanda: posee alta politicidad contrastada con una pésima cultura política (ya lo había mencionado Perón en 1972) y, para empeorarla, vive en los tiempos en que el más nítido escenario de la política es el que conforma el sistema mediático concentrado; como se sabe, uno de los territorios en dónde con más prosperidad se da el pensamiento débil, los esperpentos de la intelectualidad módica, los alcahuetes y las plumas mercenarias.

De manera que, cualquier reproche contra la voluntad de revisión del pasado es, solamente, una acción simétrica y por lo mismo opuesta, para evitar preguntas sobre el presente. Como me considero parte de la iglesia, es decir parte del pueblo cristiano, y esta iglesia tiene jerarquía, le dejo al jerarca a cargo de estos silenciamientos las explicaciones que le quepan y me eximo ( y conmigo al resto) de tener que darlas. Además, como la mayoría de los cristianos, hace tiempo que les quité la administración de mi fe y mis comuniones.

Prefiero en cambio demostrar como, las mismas voluntades que propician renunciar por vía de la amnesia deliberada a la reconstrucción del presente, se obstinan en sintetizar todos los pasados posibles en relatos en dónde la ficción funciona como máquina matrizadora.

Pongo por caso el de esa versión teatral en dónde una mujer voluntaria y conceptualmente extranjera, Victoria Ocampo, es emparentada con una figura protagónica de la historia argentina como es Eva Perón. La tarea tiene un cometido menor, hacerle gozar a Ocampo por efecto de contigüidad, de una relevancia internacional y una trascendencia deseada desesperadamente por su gueto y lograda odiosamente por aquella “mujerzuela� de Los Toldos.

He aquí como nos salteamos un pasado sin revisar para construir sobre sus oquedades el pasado necesario. Esa es la técnica pictórica del patinado, consistente en enmascarar una superficie base y permitir algunos asomos de realidad para lograr una nueva y distinta apariencia en dónde nada se supone totalmente falso ni absolutamente verdadero. Es la metodología de truhanes como Tomás Eloy Martínez hoy, o José Mármol en el siglo XIX.

Ese maldito peronismo que no alentó una página del revisionismo histórico, pero que obligó a las alimañas a salir de sus escondrijos a la defensa de sus intereses por unos pocos años, demandó estas tareas intelectuales adicionales en el siglo veinte y en lo que va del XXI dado que se había puesto de hecho en cuestionamiento el relato de la historiografía oficial.

Función similar en la elaboración de pasados hamburguesa, la cumplen periodistas de bochornoso historial, humoristas elevados a politólogos, historiadores de curiosidades y coreógrafos piqueteros.

Cuesta poco imaginarse a Pinti, Castels, Ruiz Guiñazú o Valenzuela disputándose la mención del vendedor del mes en la cadena Mac Mitre de los expendedores de pretéritos vuelta y vuelta.

 

Si se olvida la piedra del tropiezo te toca caer dos y otras tantas veces como si se tratara de una piedra diferente.

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