Los Veteranos de la ningunaguerra

24 de Agosto, 2009

En 1985 escribí esto, fragmento de un intento de poema de mayor extensión:

Tan sólo me encontré perdido en un tablero de absurdas diagonales

en donde los más descomprometidos ,livianos y banales

se disfrazaban de mí mismo y festejaban

un triunfo por el que no habían luchado.

Y yo era el derrotado.

Sabía que alguna vez podría exponerlo libre de todo resentimiento y en función de una explicación útil en dónde encontraría multitudes de “identificados”. Hoy hartan menos (porque estamos más viejos) las falsas chapas de luchadores. Pero igual joden, sobre todo cuando se usan para habilitar posiciones reaccionarias y antipopulares yéndola de veteranos de guerras tan falsas como supuestas.

Vuelvo al pasado, pero un poco más cercano, 1994. Este es un fraghmento de “Salven a Clark Kent…Exhortaciones ante lamuerte del periodismo” que publiqué en 2005. El personaje soldado es fácil de reconcer, ya no lucha contra el menemismo pero tiene la casa llena de medallas. Digo yo.

 

 

Menem iba por la reelección.

 

Quería que la novia se entregara por derecho tanto como por deseo. Así fue que abrió la calle de su derrotero histórico pavimentándola con una nueva constitución, obra civil que además de lo obvio tradujo las necesidades de los grupos que tanto lo soliviantaban como lo empujaban hacia el futuro.

 

El gesto llevó a las puertas del delirio cualquier vindicación posible de la Constitución del 49, la última base jurídica legítima incontrastable que había sido derogada y reemplazada con amputaciones por un mamarracho.

 

Durante 28 años esa macilenta Carta Magna, la de 1956, sirvió tanto para toda variedad de atropellos al derecho político como para la perpetración de la mayor enajenación económica de la historia, sólo superada por la que vendría después de su reforma. Apenas algunos de los derechos del trabajador se habían salvado de la demolición constitucional comprimidos en ese 14 bis tan obsequiado por los juristas.

 

Había en 1994 entonces, un propicio momento para mirar hacia atrás como quien busca el porvenir.


Pero no. Había en los medios otras necesidades.

 

Ernesto fue destacado en la convención constituyente por el diario. Era joven. En realidad hoy uno lo ve y siente que siempre fue joven, que lo seguirá siendo indefinidamente. Versión desangelada de Hughes Grant  la televisión le otorga patente de transgresor acomodados a las formas requeridas por las nuevas expectaciones y por el nuevo público. Un público que aplaude de corazón la música de la insolencia sin entender casi nada de la letra.

 

Esa tarde de invierno santafesino, en un bar a doscientos metros del paraninfo de la Universidad del Litoral, las cavilaciones de Ernesto navegaban otras honduras distintas de las que podría provocar la historia que se estaba cerrando bajo los pies de los argentinos.

 

Vio a Alberto garrapateando notas sobre un informe de prensa surgido de las oficinas dispuestas en torno al gran circo convencional. Se acercó con aires livianos altamente contrastantes con la sombría y contracturada actitud del otro.

 

Porque Alberto estaba viejo, arrasado, trasegado por los tiempos de resistir, y se refugiaba automáticamente en lo que estos tipos llamaban rigurosidad. Ratas de hemeroteca, viviseccionadores de documentos, rastreadores de incomprensibles insignificancias invendibles cuya trascendencia estaba más en manos de los historiadores que de los jefes de redacción y los dueños de los medios. Ernesto sabía que Alberto era de esos. Un loser  a todas luces y sombras.

 

Alberto Sombras hurgaba papeles en su maletín raído mientras se retorcía frente a la barra de ese revivido café santafecino. Ernesto lo saludó con la displicencia que, parece ser, es la apariencia imprescindible del periodista, una pizca de detective de novela negra y un dejillo de asomada bohemia. Algo que en suma tiende a decir: detrás de este pibe de aspecto difuso, se esconde mucho más de lo que puede advertirse a primera vista.

 

Alberto Luces chispeó - ¿Y nene….llegaste a leer lo de la Constitución de 1826? –

 

Asomaron las paletas separadas más sobre el labio inferior que de costumbre, casi como enjugando saliva en fuga.

 

-No – dijo terminando de descubrirse hasta la encías - se me ocurrió una nota sobre las barrigas de los constituyentes. Formas de abdomen que pueden insinuar abundancia o descuido, algo de más color. ¿Viste que la panza y lo burgués y el mal gusto funcionan en paralelo? Bueno…me iluminó. Tiré la idea y en la redacción les pareció excelente.-

 

Alberto Luces y Sombras tardó en reaccionar.

 

Tardó como quince años.

 

Tanto tardó, que ya era tarde.

 

 

Me pareció mejor traer esta vieja bronca, gastada y sin filo, que dejar que me gane una nueva, mejor destinada para los verdaderos enemigos.

Un poco de felicidad sin codificar

10 de Agosto, 2009

 

 
TyC, en realidad TSC (Televisión Satelital Codificada), le está tirando barro de tambo a la opinión pública en la cuestión del fútbol televisado.

La desesperación por la pérdida de un negocio multimillonario ha puesto al “grupo” Clarín en pie de guerra. Durante el fin de semana, el presidente de TSC, Marcelo Bombau, se prodigó frente a cada solicitud de la prensa, propia y extraña, en el afán de imponer el temperamento de la opinión pública en torno al caso. Con tono lastimero, y harta disponibilidad de la corporación mediática, el CEO narró los pormenores de la traición y se interrogó respecto a si el Estado nacional no tenía otros temas de mayor importancia y mejor pertinencia de los cuales ocuparse.

La idea poco encubierta de esta versión cana y sin tatuajes a la vista de Francisco De Narváez, es que el Estado habrá de subsidiar el fútbol por un monto mayor al auxilio otorgado a los tamberos, por caso, y que persigue con ello fines de mera demagogia mezclados a los rencores que el gobierno tiene con la prensa libertaria de Clarín.

La realidad se presenta como muy otra, la AFA prontamente va a exponer los números reales y, más allá del crédito que se le pueda otorgar a la fuente, hará más visibles las grietas de la versión empresaria. Para empezar, los derechos al exterior, la distribución y el negocio publicitario arrojan un piso de facturación de 1200 millones de pesos, los que significa duplicar el monto que se especula pagaría el estado argentino a la AFA por los derechos de transmisión. Este número es más de cuatro veces la cifra que percibe la entidad por parte de TSC.

Recordemos que, una semana atrás, el hombre de hierro de la AFA, Julio Grondona (por entonces reputado de experiencia y capacidad de manejo y gestión por los mismos que en estas horas lo comparan con Frank Nitti) había recibido una respuesta dura ante su solicitud de auxilio económico para las entidades a fin de que comience el apertura: “Esta vaca lechera no da más, no podemos hacernos cargo de las malas administraciones de los clubes” dijeron, y se plantaron en los 268 millones de pesos que  oblan por los derechos exclusivos. Derechos exclusivos que ponen de espaldas a las canchas a los televidentes del cable que no pagan el codificado.

 
Mi vecino Artemio López  me advierte desde su blog que “la posibilidad de acceder gratuitamente a la televisación del fútbol, es particularmente beneficiosa para los segmentos pobres ( 30% a nivel nacional y 40% en menores de 15 años) y en especial la posibilidad de seguir en directo a Boca y River, dos eternos codificados.”

Como todo sociólogo cuadrero y grafiquero Artemio nos informa que “ si hubiera fútbol gratuito el acceso a los partidos de Boca y River beneficiaría al 80,8% de la población pobre a nivel nacional, cuyas preferencias se dividen entre ambos equipos y no disponen de ingreso para pagar el abono al codificado.”

Sé que una ganancia para el Estado argentino de seiscientos millones de pesos no garantiza la grandeza de la patria, pero los números de Artemio parecen arrimar buenas razones para imaginar un poco de felicidad al pueblo.

 

Cabeza y Estómago

10 de Agosto, 2009

Libres de decir pero no de facturar. La libertad de concentrar empresas, libertad de monopolio, y la manipulación libérrima del mercado sufrieron un feroz revés en estas horas. La A.F.A rescinde la exclusividad del fútbol con el “grupo” (nombre con el que se conoce a una de las cinco grandes megadictaduras mediáticas de América Latina y que en nuestro idioma se menciona con la celada y litigada marca “Clarín”) y el Estado argentino se hace cargo de esos derechos pagando el doble de la cifra. Veo a Bruce Willis dándole a elegir al compañero que acaba de servirse de los favores de su esposa: ¿cabeza o estómago? Y como no hubo respuesta pues, cabeza y estómago. Los dos golpes se dieron porque el desleal amigo creyó que Willis resignaría esa venganza. No sé porque me vienen esas imágenes. Tal vez muchos en la Argentina de la derrota electoral por tres puntos imaginaron que la amenaza de la ley de medios habría de desinflarse, como ante la resignación de Bruce frente al “partner” tras el descubrimiento de la infidelidad. Quizá sea eso. Habrán pensado algo así. Lo cierto es que el martes que viene, viene la liberación de fútbol, una de las tres fuentes ingresos más importante del grupo. En tres frases. El fútbol no se va a morir. No nos van a expoliar más para ver el fútbol. El balazo dio en el corazón del monopolio. En el corazón no, en el bolsillo, es decir en el estómago. El próximo golpe va a la cabeza. Y es la ley.

“Uno trabaja para el éxito”

20 de Julio, 2009

La definición le viene desde detrás del grueso maquillaje, un blindado de emulsiones que ya es ella misma, su totalidad de máscara, el escudo que la defiende de su insignificancia: “Uno trabaja para el éxito”.
Transida de vanidad, Mirtha acaba de sincerarse.
Claro que nadie hace nada en ansia de fracaso. Pero lo que hace trascendente cualquier hacer humano es, justamente, el hecho de que lo que hace trasciende al hacedor.
Se trabaja para curar, confortar, mejorarle la vida al otro, tanto si se es médico, cura o cómico, y cuando viene el aplauso, el agradecimiento o la sonrisa el trabajo se muestra terminado, pero es sólo eso, un aviso: el domingo es mucho más que la campana.
Pero ella nunca lo sabrá. Amante de lo fatuo, envanecida de los amores distantes que ofrecen las plateas, alimentada de la vanagloria que produce el autógrafo, jamás sabrá que se trabaja para otro con el objeto de que lo que se hace sea trabajo.
Su hato de prejuicios, su insidia, su ignorancia, su inteligencia módica, su desprecio por la naturaleza humana, continuarán haciendo el mal. Y en ese hacer seguirá cosechando éxitos.
 

Proyecto, temperamento y Conducción

16 de Julio, 2009

 
He leído con detenimiento el artículo de Jorge Rulli del pasado 5 de julio y que fuera “publicado” en su programa de los domingos en Radio Nacional.

No intento refutaciones, correcciones ni aprobaciones innecesarias, un tanto por respeto y afecto al autor, otro tanto (y esto quizá se entienda mejor al final de esta exposición) por metodología.

Sucede que me resulta más valedero lo que provocan sus dichos que el propio contenido de los mismos.

 
Forzar la historia es ilusorio, pretencioso y estéril. Lo más que se puede en esos arrojos es ridiculizarse al límite de la historieta (¿comics?) o acanallar historias emblemáticas de la historia verdadera.

Los grandes hombres que salen de los grandes pueblos nunca han cometido este error equivocado, padre y madre de todos los errores; el de querer torcer, desviar, detener o violentar el curso de la historia. Esos hombres, desprendidos de todo lo fatuo en cualquiera de sus formas, han conducido ese curso por capacidad de temperamento.

El tiempo en el que se desarrolla la vida humana tiene su topografía: ellos, los hombres y mujeres de los que hablo, saben verla. La secuencia de hechos tiene actores, velocidades, giros, ellos saben preverlos. Esos tipos no se confunden de rol, perciben que su acontecer es circunstancial a una realización superior que depende de ellos en una medida insoslayable, y comprenden que ese es su sólo mérito y su carga irrenunciable.

Para afrontar una sucesión de eventos de tal envergadura histórica hace falta un temperamento especial, una inteligencia acorde y una idea épica del sacrificio.
 
La noción arquetípica de líder es del siglo XX, pero la última década del mismo degeneró la palabra en su aplicación a vendedores de detergentes, pastorzuelos de iglesias metastásicas, gerentes y presidentes del tercer mundo en tránsito imaginario al primero, con lo que se ha desmerecido de forma terminal. Se prefiere por esas razones la idea de “conductor”, elegida (ahora pienso) no de manera casual por el propio Perón. Conducir es un verbo que reconoce la existencia de algo conducible, por lo tanto organizado, con un fin que no determina el que conduce sino que, por el contrario, determina las condiciones indispensables de quien habrá de ser su conductor.

Si analizamos los últimos treinta y seis años políticos de la Argentina no vemos de esos navegantes.

Tal vez la desvaída identidad de los fenómenos posmodernos tenga que ver con esas ausencias, haciendo que lo que emerja políticamente sean especies acordes a la insustancialidad de estos tiempos. Quizá entonces debamos conformarnos con disminuidas versiones de conducción siendo que el getho de la política prohíja solo formatos raídos y mediocres. Baste pensarse en algunas de las figuras que tocaron la cúspide de la dirección republicana en la Argentina finisecular.

 
Sin embargo, pese al deshilache, creo que este no es cualquier momento de nuestro ser histórico, que no estamos transcurriendo una meseta de intrascendencias sino que, por el contrario, este es un tiempo de cambios esenciales.

 
Entre 1976 y 2001 a la conciencia colectiva de los argentinos le pasaron una triple amoladora:  el terrorismo de Estado, el terrorismo mediático y el terrorismo económico. El resultado era previsible, la mayoría terminó insensibilizada políticamente por temor, asco, desprecio o defraudación, especialmente los sectores medios, que son ontológicamente volubles, variables y acomodaticios. Pero la tarea les llevó 25 años.
El 2001 fue un regurgito histórico del que sobrevinieron siete años en los  que la triple amoladora se detuvo, o al menos aminoró su acción. Ese corto lapso regeneró una red en donde la militancia social y política, en defensa propia, resurgió del desierto ceniciento de la tercera década infame.

En sólo cuatro años, “patria”, “compañero”, “liberación”, volvieron al léxico de la calle retoñando en las voces de los más jóvenes, mezclándose con las emociones de las segundas oportunidades que avizorábamos los que pasamos los 50 y dándole a la política un color remozado.

Si de este magma no salen conducciones con los temperamentos requeridos todo habrá sido una ilusión, el desierto posmoderno nos habrá creado un espejismo. Yo no lo creo. Hay que esperar la madurez del tiempo. ¿Cómo? Con actitud atenta y militante, cuidando y mejorando el clima institucional. No dejando que la política vuelva a recluirse en los arquetipos de los gerentitos. Tejiendo redes políticas que contengan la impiadosa realidad social de los siempre postergados.

Profundizar la organización hará emerger conducciones para realizar el proyecto. La fe es tan grande que no tengo lugar para la duda.

Podemos enojarnos, dolernos, desanimarnos, putearnos. No podemos abandonar.

 
 
 

Los calientes, los fríos y los helados

9 de Junio, 2009


  

Los medios concentrados, cara discursiva de los grupos económicos concentrados dicen que está todo bien. Lo dicen con lenguaje publicitario, que es el único que entienden, ya que cuando tienen que salir a debatir la propuesta de ley de comunicación audiovisual que quiere reemplazar a la ley de radiodifusión de la dictadura, solo ofrecen mendacidad y balbuceo.

Dicen que está todo bien, que ya la “gente” elige, que tiene de dónde, que la multiplicidad de gustos, variedades y matices que oferta el sistema mediático tal como está garantiza que nadie se quede sin representación a la hora de consumir.

Vemos así a un “tercera edad” que dice en un spot que él ve Discovery kids, o a una veinteañera rubicunda explicar sus satisfacciones por la diversidad de programas de cocina. Bien pudiera haberlos de tai chi, ikebana, sexo tántrico y velocismo sin que por ello se alterara el gran atentado que significa para la democracia el actual marco legal de los servicios de comunicación audiovisual. Pues es que no se trata de la cantidad y diversidad de gustos que tenga la heladería, se trata de que debe haber muchos heladeros, de que hay gran vocación por la heladería y gran necesidad de un país lleno de fabricantes y distribuidores de helado. De eso se trata. O la propia idiotez apela a la idiotez que suponen de “la gente”, o solo estamos en presencia de mala intención, de interés embozado, de inmoralidad.

Es que es demasiado claro, de evidencia ineludible, hasta para la mente más abstrusa.

Los calientes creemos que esto es la muestra anticipada de todo lo que nos espera antes de que el congreso sancione una ley salvífica para la democracia. Los fríos miran para otro lado y especulan con un fracaso.

 

Peña que no hace tropezar

19 de Abril, 2009

 

Quizá la esperanza tenga nido.

Acabo de ver fragmentado, el encuentro que un Lanata desesperado por recuperar el número del oído mediático provocó entre Luis Delía y Fernando Peña la semana pasada.

¿Cómo hallo esperanza en tanta previsibilidad? No es por ganas sino por evidencias.

Yo sabía que Peña es un ignorante armado de los peores prejuicios. Tomé cuenta de su pobreza intelectual hace ya unos años, cuando lo veía cerca de ciertos descubrimientos pero nunca dispuesto a zambullirse en los mares de realidad que se los realizara. Lo vi paladear los resultados de una transgresión módica, transgresión de living, rebeldía contra una pobreza existencial propia pero nunca nada más. Jamás alguna cosa que lo trascendiera, que lo usase para hablar de algún destino más allá de él, torturado espíritu de niño criado en un palier.

También sabía que ese chico a Luis no le podía durar más de un round, independientemente de que el obeso referí se distrajera a la hora de contar en las caídas o apurase el break cuando su favorito se las veía color de hormiga. La diferencia era mucha. Un militante político y social, en una Argentina en dónde los patrones modelares son regidos por la máquina mediática concentrada de consagrar, solo consigue rivales virtuales cuando se los dan.

Siguiendo con la metáfora boxística, Clay estaba peleando contra un paquete.

El sistema solo nos puede poner falsarios o pobres espantajos como Peña a la hora de dar batalla franca. Por eso rehúyen el combate toda vez que pueden.

Y he aquí la razón seminal de la esperanza:

A pesar de todo, si nos dan un cachito de cancha en dónde jugar, la verdad del pueblo tiene que ganar, porque se trata de una verdad que tiene el interés de todos.

Morales sin Ley

4 de Marzo, 2009

 

 

Sabía que iba a suceder. A sólo confirmarse la apertura de la discusión sobre la ley de servicios audiovisuales que habrá de reemplazar a la ley de radiodifusión de la dictadura, las primeras voces serían de clausura. Presentía o mejor, tenía la precognición, de que ese primer movimiento hacia un sistema mediático más democrático recibiría impugnaciones e intentos de legrado.
 

Esperé el momento con la curiosidad respecto de quiénes serían los primeros actores. Y debo decir que estoy sorprendido. Imaginé, por esa certeza desgraciada que tengo respecto de la degradación del periodismo, que de esa usina partirían los primeros misiles. Así creí, dada la supremacía de lo empresarial sobre lo editorial y de lo editorial sobre la libertad profesional que presenta el periodismo en estos tiempos. En cambio, la política habló primero.
 

Claro que no la política que gustaría de hablar, sino la que gusta de acallar, de silenciar, de no decir sino para que nada se diga. Es esa política de horizonte corto, de pequeños octubres, de bajo cálculo, minusválida y oportunista.
El senador y jefe nacional del radicalismo, Gerardo Morales, acusó al Gobierno de intentar “el control de los medios de comunicación” y advirtió que si prospera la reforma de la ley de radiodifusión anunciada el domingo por la Presidenta, “vamos a estar en la parrilla y Venezuela va a quedar un poroto al lado de la Argentina”.

Morales discurrió cómodamente por el desvarío y la fantasía sin que alguien atinase a distraerlo de la enajenación. Así, la política desesperada y crispada, imaginó un sistema mediático venezolano atenazado por un dictador dominando ese sistema. Desconozco qué le gustaría a Chávez, no ignoro en cambio, que ese sistema concentrado constituye la oposición misma en la Venezuela real. En el 2002 participó, no como colaboracionista, sino como actor directo del golpe de Estado. Hoy es la molienda de todo el discurso antichavista que circula por el mundo. No los intimidan los resultados electorales que siguen dándole al “dictador”  garantías constitucionales y favores para la continuidad en la gestión, para la libre prensa venezolana la voluntad popular no cuenta. Dicho de otro modo, entendiendo lo que dice Morales, no sé de qué habla.

 

Pero eso es lo de menos, el caribe con su frondosidad y la imaginación de Morales con su morosidad pueden construir ese pergeño. Lo de más es que habla de la ley a la que no ha aportado ni una miserable idea, ni un paupérrimo segundo de atención. Lo aterrador es que hace consideraciones sobre un proyecto de ley cuyo contenido desconoce, y se basa en supuestos que surgen con evidencia de las postales desarrolladas por su correligionaria Silvana Giudici, una especialista en el tema de ignorar los asuntos de la comunicación. Si se me cree atrevido sírvanse consultar su proyecto personal (el de Giudici) que desconoce las opiniones de la mayoría de los actores de la comunicación, la historia de la radiofonía alternativa de los últimos veinte años, y que cree que el asunto principal es qué hacer con los medios de propiedad del Estado, la pauta oficial que es el 3 por ciento de la pauta publicitaria total, y no la cuestión aciaga de la concentración mediática y el peligro que encarna para las instituciones republicanas y para el sistema democrático en particular. Cabe en Giudici aquello de la incredulidad sobre el hecho de que una sola persona pueda ignorar tantas cosas.

 

Pero si Morales dixit o Giudici dicta, solo importa en la medida en que se convierten en el primer obstáculo que los oligopolios simbólicos de la Argentina le ponen al cambio del statu quo de la palabra pública.

Hay un buen número de argentinos, cierto que radicales pocos, quienes  han colaborado para el diseño de 21 puntos estructurales que la nueva ley de radiodifusión habrá de tener en cuenta. Allí hay mucho que discutir, mucho que revisar, mucho que reconsiderar a la luz de la información adecuada y de las experiencias en suma. Pero ese es el hueso que Morales no quiere roer, y prefiere agitar sábanas de fantasmas.

 

Habrá que discutir más, asustar menos, animarse más, silenciar menos.

 

Ley señores! Para que en la Argentina la palabra diga y los medios respeten a la gente y, así, por la fortuna humanamente milagrosa del logos libre, ellos mismos se hagan respetables.

 

El Almirante Castro

7 de Febrero, 2009

 

 

Perdón a Walter Nelson, a los Almirante Brown ( el de Capusoto y el otro), a los Fideles Pintos y Castro, a Castromán, a Mandela. Perdón a todos, en nombre de los que creen que todo es lo mismo y que cualquier cosa es algo.
 

 

Nelson Castro es una empresa dependiente del periodismo hegemónico resuelto en el sistema mediático concentrado de la Argentina. En ese sentido es un actor preponderante del sistema que legaliza la dictadura en 1980 con la actual Ley de apropiación mediática conocida como Ley de Radiodifusión.

Cierto es que apareció formalmente en 1994 gracias a la amputación de piernas de Maradona, cuando calificó de médico legista periodístico descargando su insidia contra la efedrina de entonces, el Maradona de entonces y sus aversiones de siempre: lo popular y lo nacional.

Nelson Castro conoce muchos departamentos en el mundo, ya que no el mundo, puesto que el mundo tiene demasiado por conocerse a pesar de la versión que el periodismo de las agencias internacionales sintetiza en los formatos Miami de la CNN. En uno de esos departamentos del mundo lo sorprendió el atentado a las gemelas. Pum para arriba. La empresa empezó a cotizar en el nivel siguiente.

 

Bien entonces: eso es Nelson Castro. Cuotas módicas de insidia, prejuicios muy estables, inteligencia menos que media, formación de médico, standards de modosidad y afectación elegantes, y un creciente sentido del oportunismo a lo que dé lugar.

 

Esta semana se propulsó víctima de la censura kirchnerista. Vana es la realidad con ser muy otra, porque la superempresa de la que depende el periodista independiente y que involucra muchos intereses y empresas, tiene el privilegio del grito mediático. Ese grito tapará la cuestión real: el Almirante Castro pretendía 225 mil mensuales en lugar de 140 mil. La empresa libre de la libre empresa no gustó del número independiente del libérrimo periodista.

Es que para un ético de la talla de este Nelson  un 62 por ciento de diferencia es un asunto de la moral.

Poco vale el hombre que tiene que más tener para ser mejor en el mundo.

Y no hay “na má” diría el gitano.

 

Ni censura, ni gobierno intolerante a la palabra adversa, ni semáforos rojos para los antirrojos de la SIP, ARPA, ADEPA y todas las organizaciones de la dictadura mediática planetaria.

 

Nunca se escuchó a Castro hacer crítica a la falta de política ferroviaria del gobierno K. A mí sí y a varios ni hablar.

Nunca se escuchó ni se leyó a Nelson fustigar a las áreas de acción social del gobierno para que aceleren con el auxilio porque hay gente que no tiene desesperación agraria sino real. A mí sí y a varios ni que decir.

Jamás se le adivinó al Almirante un gesto de disgusto ante las demoras y dilaciones en materia de política energética. A mí sí y a muchos otros: válgame Dios.

 

Con todas estas ausencias de decir y de gritar, resulta el hombre, por los favores del sistema del que depende siendo independiente, un periodista opositor. Si señor, opositor y victima, razón de dolor y de protesta de las escandalizadas clases medias.

 

Qué cagada ser oficialista, no tener moral de porcentaje, superar la medianía intelectual y tener esa férula mierdosa de la honestidad guiándote los actos como mirada de padre.

Uno sería idiota feliz en un país de infelices, un amoral creído de moralista, un Almirante Rojas pero de apellido Castro.

 

   

 

 

Almuerzo de mas

22 de Septiembre, 2008

 

-No estoy de acuerdo con los movimientos- fraseó con arrojo de restos de bocado (salvo de ser almorzado) en la mesa de Chiquita.

 

Pensé en las dificultades que se suele tener cuando se intentan hacer, simultáneamente, dos cosas que son antagónicas.

No hablo del pensar y comer ni del comer y el pensar. Hablo de la imposibilidad que implica ser Lanata en la escenografía Legrand.

 

La marca, kilo más kilo menos, se instituyó con los favores de la democracia aventada luego de los años de plomo. Coincidente con la creciente de lo que hoy se llama progresismo, bajo el filtro teórico del doble demonismo, los jóvenes sin pasado o de pasado difuso emergían entre los heridos por el siniestro histórico de la dictadura para constituirse en una palabra pura.

Un invento necesario para seguir con lo posible poniéndole un blindex al pasado que nos separara de él y que nos permitiera espiarlo sin expiarlo.

La patente de ese invento redituó, especialmente para talentos como los de Lanata. Oro y fama bien ganados.

El registro de marca inspiró a toda una generación en este periodismo agonizante* que revoluciona la nada y propulsa la metastásis del pensamiento más reaccionario del que es capaz la sociedad argentina.

Un pequeñísimo burgués, audaz intérprete de la historia de Astolfi, bien dispuesto para las tablas del Maipo, sable desafilado y romo en la lucha contra las excrecencias de la política, errático faro para sustraer a los espíritus rebeldes de las tentaciones del cambio, libertario de las módicas libertades que ofrece la democracia liberal burguesa, ostentoso inteligente de instrucción dudosa, bien dispuesto al bien pensar a cambio de los halagos incondicionales, pequeño ser en un envase pomposo y sobredimensionado. He aquí lo que pudo verse claramente sentado a la mesa de Legrand.

Nada de lo que dijo allí necesita ser rebatido, fue glosario de loro gorila, casi un rezo reaccionario. Nada más.

 

 

Si lo mejor que puede ocurrirle a la tristeza del payaso es que se le corra la pintura del rostro para hacer más acusados los rasgos de la pena, lo contrario sucede con ese maquillaje heroico de los héroes sin batallas, poniendo al descubierto la falsedad de las heridas y las inconfesables intenciones del fraude.

Sabía yo que las luces de los sets trastornan al periodismo y a los periodistas, no sabía en cambio que esas luces terminan desnudando.

¿Será que estar frente a Legrand obliga a la ramplonería? ¿Será que ese coctel de necedad e insidia contamina todo lo que toca? ¿Será que en primera y última instancia Lanata es sólo eso que pudo verse en ese mediodía revelador?

Para bien de lo que debe saberse, en cualquier caso, mal le vino a Lanata y bien a la opinión pública ese patético almuerzo de más.